El presidente de EE. UU. amenaza con gravar la producción cinematográfica internacional, en lo que sería un precedente sin igual para el sector cultural y de entretenimiento.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció en su red social Truth Social que impondrá un arancel del 100% a todas las películas producidas fuera del país. Aunque no precisó cuándo ni cómo se aplicaría la medida, el anuncio generó inquietud inmediata en la industria del entretenimiento.
Se trataría de la primera ocasión en que se intenta aplicar un arancel a un servicio cultural en lugar de a un bien tangible. Trump ya había adelantado esta idea en mayo pasado, señalando que países extranjeros atraen producciones mediante incentivos fiscales, lo que, a su juicio, afecta directamente a California y a otros centros de producción estadounidenses.
Reacciones inmediatas
La noticia sorprendió nuevamente a Hollywood. Fuentes del sector habían señalado que, de concretarse, el impuesto podría representar una paralización casi total de la producción internacional vinculada a estudios estadounidenses, aunque la aplicación legal resulta incierta y compleja.
Actores, directores y productores suelen preferir rodar en Estados Unidos, pero la realidad es que filmar en el extranjero resulta mucho más económico para las compañías debido a los menores costos laborales y los estímulos fiscales que ofrecen otros países.
En los mercados bursátiles, las acciones de Netflix abrieron con una caída del 1%, mientras que compañías como AMC y Disney registraron ligeras alzas tras el anuncio.
Consecuencias para la cinematografía mundial
De implementarse, la medida tendría un impacto profundo en la industria global del cine:
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Reducción de filmaciones internacionales: Los estudios de Hollywood dejarían de aprovechar escenarios en países con costos más bajos, lo que afectaría a naciones como Canadá, México, Reino Unido, España o Nueva Zelanda, que han sido destinos recurrentes de grandes producciones.
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Pérdida de empleos y derrama económica: Miles de técnicos, proveedores de servicios y profesionales vinculados al cine en esos países verían reducido su mercado laboral.
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Aumento en costos de producción: Rodar exclusivamente en EE. UU. encarecería las películas, lo que podría repercutir en la taquilla y en plataformas de streaming, encareciendo suscripciones o reduciendo la rentabilidad.
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Tensión comercial y cultural: Gobiernos afectados podrían responder con medidas espejo contra productos culturales estadounidenses, afectando la distribución internacional de Hollywood.
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Menor diversidad cultural: Un impuesto de este tipo limitaría los intercambios artísticos y la colaboración multinacional, reduciendo la riqueza de perspectivas en el cine global.
Contexto
Estados Unidos ha sido históricamente la cuna del cine comercial, pero la globalización y los incentivos fiscales han convertido a otros países en polos atractivos de producción. La propuesta de Trump no solo reaviva tensiones comerciales, sino que coloca al sector cultural en el centro de una política de proteccionismo extremo, con posibles repercusiones en la diplomacia y la economía creativa mundial.


