Por Octavio de la Torre de Stéffano
Presidente de CONCANACO SERVYTUR México y Asamblea Nacional de Empresas y Negocios Familiares.
En la economía real, el circulante es un activo estratégico. No aparece en los balances tradicionales, pero define la viabilidad cotidiana de miles de empresas. La caída de las remesas en 2025 redujo ese activo en numerosas comunidades del país. De acuerdo con cifras del Banco de México y análisis de BBVA Research y S&P Global Market Intelligence, los envíos descendieron cerca de 4.6%, al pasar de alrededor de 64 mil millones de dólares en 2024 a poco más de 61 mil millones en 2025, rompiendo una racha de once años de crecimiento.
El impacto va más allá del dato agregado. Las remesas tienen una alta velocidad de circulación. Se convierten rápidamente en consumo local: alimentos, transporte, servicios, mantenimiento y pagos básicos. Cuando ese flujo se reduce, el efecto se transmite casi de inmediato a la operación del negocio familiar, que depende del movimiento diario para sostener inventarios, cubrir nómina y cumplir compromisos.
En este contexto, la eficiencia operativa deja de ser un ideal y se convierte en una condición de supervivencia. Cada trámite, cada costo regulatorio y cada día perdido en ventanillas pesa el doble cuando hay menos dinero circulando. Por eso, simplificar procesos y reducir cargas administrativas no es solo buena gestión pública; es una política económica aplicada que protege empleo y continuidad de negocio.
Los analistas coinciden en que el ajuste tiene causas externas. Un mercado laboral estadounidense menos dinámico, mayores restricciones y temores asociados a la política migratoria, así como una menor migración reciente, han reducido los envíos. A ello se suma la apreciación del peso, que disminuye el valor real de cada dólar recibido. El origen es externo, pero la presión se ejerce en el territorio.
Ante este escenario, el acceso oportuno a capital de trabajo adquiere un valor estratégico. Líneas de financiamiento con reglas claras, tiempos razonables y condiciones acordes al tamaño de las empresas pueden marcar la diferencia entre resistir o cerrar. Para miles de negocios familiares, llegar al siguiente mes con la cortina arriba ya es una forma de estabilidad económica y social.
Cuidar el circulante en las comunidades es cuidar la economía productiva. Porque cuando el dinero circula menos, cada decisión cuenta. Y proteger al negocio que no se mueve de su comunidad es, hoy, una de las inversiones más racionales para sostener empleo, mercado interno y resiliencia empresarial.


