Por Octavio de la Torre de Stéffano
Presidente de CONCANACO SERVYTUR México y Asamblea Nacional de Empresas y Negocios Familiares.
México tiene una economía que resiste, pero no logra despegar. Y en el centro de esa resistencia están los negocios familiares. Más de 6.1 millones de MiPyMEs representan el 99.8% del total de unidades económicas del país, pero el dato que debería encender las alertas es que el 67% de ellas opera en la informalidad. No estamos hablando de marginalidad económica, sino de la base productiva nacional.
La informalidad, además, concentra más del 54% del empleo, aunque su aportación al PIB ronda el 25%, mientras el sector formal genera el 75% restante. Este contraste revela una economía partida en dos velocidades: millones sobreviviendo con baja productividad y un sector formal que carga con la mayor parte de la generación de valor.
En paralelo, el crecimiento proyectado para 2026 es marginal, posiblemente insuficiente para absorber mano de obra, sostener aumentos de costos y financiar ampliaciones en derechos laborales sin afectar estabilidad empresarial. Cuando la economía crece poco, cualquier incremento en obligaciones pesa el doble.
La discusión sobre la reducción de la jornada laboral a 40 horas ilustra esta tensión. El calendario de transición hasta 2030  muestra intención de gradualidad. Sin embargo, 71.4% de empresarios anticipa alza en costos y 66.72% considera indispensable mecanismos alternativos en impuestos para poder implementarla. El sector comercio, servicios y turismo opera con horarios extendidos y márgenes ajustados, lo que hace más compleja la adaptación.
REGISTROS PATRONALES PERDIDOS
A esto se suma un dato preocupante: entre 2023 y 2025 se perdieron 43,578 registros patronales ante el IMSS. Mientras tanto, aumentan los registros de personas físicas en el SAT, lo que sugiere fragmentación más que expansión estructural. Menos patrones formales y más autoempleo.
La economía no está colapsando; se está achicando para sobrevivir.
Si México quiere avanzar, necesita algo más que reformas aisladas. Necesita una estrategia integral: inversión pública y privada sostenida, simplificación regulatoria, seguridad social más accesible y un esquema fiscal que no penalice crecer.
Los negocios familiares no piden trato preferencial. Piden condiciones viables para formalizarse y expandirse sin que cada ajuste normativo se convierta en un riesgo existencial.
Una economía que solo resiste termina estancándose. Una economía que crea condiciones para crecer transforma resistencia en prosperidad. Y hoy, más que nunca, México necesita pasar de la supervivencia al desarrollo estructural.


