México quiere atraer inversión, pero necesita acelerar la implementación

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México cuenta con activos objetivos para atraer inversión: una ubicación estratégica, capacidad industrial, talento competitivo, una red sólida de tratados comerciales y una narrativa oficial orientada al crecimiento y al fortalecimiento económico. El desafío no está en la falta de visión, sino en la velocidad con la que esa visión logra traducirse en condiciones operativas concretas.

Más que hablar de señales contradictorias, hoy conviene hablar de un problema de ritmo. El país ha planteado reformas, iniciativas y objetivos para impulsar la inversión, pero todavía necesita acelerar el paso en la implementación. En economía, la confianza no se construye solo con dirección; también se construye con ejecución eficaz, tiempos oportunos y capacidad institucional para acompañar la actividad productiva.

Ese punto es decisivo. La inversión no responde únicamente a mensajes políticos o a expectativas de largo plazo. Responde, sobre todo, a la experiencia de operar en el presente. Una empresa invierte cuando encuentra certeza jurídica, trámites ágiles, reglas previsibles y autoridades que facilitan, en lugar de entorpecer, la actividad económica formal.

México ha impulsado causas legítimas que merecen reconocimiento, especialmente en materia de justicia social, derechos laborales y fortalecimiento del ingreso. Pero también debe asumir una realidad central: el crecimiento sostenible requiere ampliar la base productiva formal, no recargar una y otra vez a quienes ya cumplen.

Las MIPYMES y los negocios familiares son el corazón de la economía real. Por eso, hacer de la formalidad una ventaja concreta debe ser una prioridad nacional. Formalizar no puede equivaler a más costo, más demora y más exposición. Debe significar acceso a crédito, simplificación, certeza patrimonial y respaldo efectivo para crecer.

A ello se suma la urgencia de destrabar la operación administrativa. Cuando se retrasan permisos, registros, certificaciones o trámites ligados al comercio exterior, no solo se detienen procesos internos: se posponen decisiones de inversión, se comprometen empleos y se debilita la percepción de confiabilidad del país. En un entorno competitivo, la lentitud institucional también expulsa capital.

México no enfrenta necesariamente un escenario de crisis, pero sí el riesgo de instalarse en una etapa de crecimiento insuficiente. Y ese riesgo aumenta cuando la implementación corre más lento que las oportunidades.

El país sí puede combinar justicia social con crecimiento robusto. Pero para lograrlo necesita acelerar la ejecución, fortalecer la certeza y alinear a toda la administración con una lógica de facilitación productiva. La inversión no llega solo porque se le convoque. Llega cuando encuentra consistencia. Y México todavía está a tiempo de demostrarla.

Octavio De la Torre de Stéffano
Octavio De la Torre de Stéffano
Presidente de CONCANACO SERVYTUR México y Asamblea Nacional de Empresas y Negocios Familiares.

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