Por Manuel Herrejón Suárez
Una deuda que vence mañana comenzó a administrarse mal mucho antes. Ésa es una regla elemental para cualquiera que haya tenido que manejar un balance importante…esperar a que llegue la fecha de pago para preguntarse de dónde saldrá el dinero, significa llegar tarde.
Por eso me parece interesante observar desde otra perspectiva la operación que Hacienda realizó el pasado 20 de julio. La dependencia refinanció 183 mil 202 millones de pesos de deuda interna y consiguió extender 3.6 años el plazo promedio de esos pasivos. De ese monto, 95 mil 441 millones correspondían a vencimientos de este mismo año. Paralelamente, colocó una nueva referencia de Udibonos a diez años, con vencimiento en 2037.
Podríamos discutir si México tiene mucha o poca deuda, si el déficit debería reducirse más rápido o cuánto presionará el costo financiero al presupuesto. Son discusiones necesarias, pero ésta no es una columna sobre ellas. Lo que encuentro particularmente valioso en esta operación es la oportunidad de hablar de algo menos visible y mucho más interesante para quienes administran dinero; una deuda no es solamente una cantidad, sino una estructura de tiempo, costo y riesgo.
Veamos un ejemplo. Dos empresas pueden deber exactamente lo mismo y encontrarse en situaciones financieras radicalmente distintas. Una puede tener vencimientos escalonados, liquidez suficiente, tasas razonables y flujos capaces de atender sus obligaciones. La otra puede concentrar buena parte de sus pagos en un periodo corto, depender constantemente del refinanciamiento y estar expuesta a tasas, inflación o monedas que no controla. El saldo puede ser idéntico. El riesgo financiero, definitivamente no.
Esa es la razón por la que un buen administrador de capital nunca debe mirar únicamente cuánto debe. Quiere (y necesita) saber cuándo vence, en qué moneda, a qué tasa, qué parte está indexada a inflación, cuánto deberá refinanciar y bajo qué condiciones podría hacerlo si el mercado cambia. El calendario importa tanto como el monto.
Hacienda ha venido trabajando precisamente sobre ese calendario. La operación de julio no es aislada; durante 2026 ha realizado distintos ejercicios de manejo de pasivos para desplazar vencimientos y fortalecer la estructura de la deuda. En junio, por ejemplo, realizó una operación sobre deuda externa destinada a reducir amortizaciones de los próximos tres años, incluyendo la recompra de bonos en dólares con vencimientos en 2027 y 2028.
¿Por qué pagar hoy por modificar obligaciones futuras? Porque comprar tiempo también tiene valor financiero.
Desde mi experiencia, concentrar demasiados vencimientos en un mismo periodo coloca al deudor en una posición incómoda porque lo obliga a acudir al mercado independientemente de las condiciones existentes en ese momento. Si las tasas subieron, la liquidez disminuyó o los inversionistas exigen una prima mayor, habrá poco margen para esperar. Refinanciar anticipadamente permite administrar esa exposición antes de que se convierta en urgencia. Y la urgencia suele ser cara, siempre.
Hay otro detalle que me parece relevante, la nueva referencia de Udibonos vence en 2037, paga un cupón de 4% y ofrece un rendimiento de 4.60%. Los Udibonos están ligados a la inflación, de manera que forman parte de una estructura donde también debe decidirse cuánto riesgo inflacionario se incorpora al portafolio y cuánto conviene mantener en instrumentos nominales.
Eso es administración financiera en sentido estricto…no eliminar riesgos (algo imposible) sino distribuirlos de forma que ninguno tenga capacidad suficiente para comprometer el conjunto.
La misma lógica sirve para una compañía. Incluso para un patrimonio familiar importante. Deuda de corto y largo plazo, tasa fija o variable, pesos o dólares, liquidez disponible y capacidad futura de generación de efectivo forman parte de una sola arquitectura. Analizar cualquiera de esas variables por separado puede producir conclusiones equivocadas.
Y ojo. Por eso tampoco compraría automáticamente la idea de que refinanciar siempre es positivo. Extender plazos reduce presión inmediata, pero puede implicar costos adicionales y no corrige un problema estructural si el deudor continúa generando obligaciones por encima de su capacidad. Refinanciar bien administra el riesgo, no hace desaparecer la deuda.
Ésa es precisamente la diferencia entre patear un problema hacia adelante y manejar profesionalmente un pasivo.
Un administrador brillante, o bien, competente, no intenta adivinar cómo estarán las tasas dentro de tres años, procura construir hoy una estructura suficientemente resistente para no depender de haber acertado.
En finanzas, el tiempo también forma parte del balance. Puede comprarse, distribuirse y administrarse. Quien entiende eso no espera al vencimiento para resolver una deuda…llega al vencimiento habiéndola resuelto mucho antes.
Manuel Herrejón Suárez (síguelo en X como @ManuelHerrejonS) es un empresario mexicano con más de dos décadas de experiencia en el sector bursátil y mercado cambiario, especialista en gestión de proyectos en el sector financiero. Es Licenciado en Derecho por la Universidad del Valle de México y Maestro en dirección de empresas para ejecutivos por el IPADE.




